CLIMA ESCOLAR Y RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS

No podemos olvidar nuestra responsabilidad como docentes, así como las tareas encomendadas reflejadas, entre otras; en el artículo 91 de la LOE: “c) La tutoría de los alumnos, la dirección y la orientación de su aprendizaje y el apoyo en su proceso educativo, en colaboración con las familias; e) La atención al desarrollo intelectual, afectivo, psicomotriz, social y moral del alumnado; g) La contribución a que las actividades del centro se desarrollen en un clima de respeto, de tolerancia, de participación y de libertad para fomentar en los alumnos los valores de la ciudadanía democrática; h) La información periódica a las familias sobre el proceso de aprendizaje de sus hijos e hijas, así como la orientación para su cooperación en el mismo”. En mi opinión, coge cada vez más fuerza la idea de PREVENCIÓN, es decir, el trabajo previo que da lugar a la no intervención directa en el conflicto, que permite una resolución de los mismos desde el razonamiento del alumnado y con la simple mediación del docente y por la que hemos de apostar en nuestros grupos de trabajo.
Por otro lado, las competencias que tenemos que favorecer en el alumnado son prácticamente similares en cada ciclo y etapa educativa, y van en la línea de: trabajo en equipo, resolución pacífica de conflictos, participación democrática, equidad, igualdad de derechos y oportunidades, construcción de sociedad justa, conocimiento, asunción y ejercicio de derechos y deberes, conciencia cívica, asunción de responsabilidades, tolerancia, cooperación, solidaridad, diálogo, respeto, autonomía, esfuerzo, calidad, … Todo ellos unidos a los valores que han de estar presentes en el clima donde crecemos y nos desarrollamos, en la gran sociedad, en pequeñas sociedades como los centros escolares, y en sus unidades, es decir, en las clases de alumnos.

DEFINICIÓN DE CLIMA ESCOLAR.
Podemos considerar el clima escolar como el conjunto de actitudes generales hacia y desde el aula, de tareas formativas que se llevan a cabo por el profesor y los alumnos y que definen un modelo de relación humana en la misma; es resultado de un estilo de vida, de unas relaciones e interacciones creadas, de unos comportamientos, que configuran los propios miembros del aula.
Así, el clima escolar queda condicionado por el tipo de prácticas que se realizan en el aula, por las condiciones físicas y ambientales de la misma, por la personalidad e iniciativas del profesor, por la homogeneidad o heterogeneidad del grupo, por el espíritu subyacente en todo el profesorado del Centro y la orientación que el Equipo Directivo da a sus funciones, de la coherencia en las propuestas y tendencias del proyecto educativo de centro, de la claridad con que se explicitan las normas, del conocimiento de ellas que tienen los alumnos y de la implicación del profesorado en su grado de cumplimiento (de forma rígida o flexible, unánime o arbitraria , etc,), del medio social en que se halle el Centro, de la participación de los padres en la vida del mismo, de su preocupación e interés en el seguimiento del proceso educativo de sus hijos, incluso de su propio poder adquisitivo…
A su vez, se puede distinguir entre “macroclima” escolar y “microclima” de clase, en cuanto que ésta, como unidad funcional dentro del centro, está influida por variables específicas de proceso que inciden en un contexto determinado dentro de la propia institución. Las características y conducta tanto de los profesores como de los alumnos, la interacción de ambos y en consecuencia, la dinámica de la clase confieren un peculiar tono o clima de clase, distinto a otro en el que variase alguno de estos elementos, por ejemplo, el mismo grupo de alumnos con otro maestro, diferente grupo de alumnos t maestro,…
De modo que se diferenciarían dos tipos de clima: clima institucional (macroclima) y clima de clase (microclima); ambos interrelacionados (por las personas que pertenecen a él) e interdependientes (las líneas pedagógicas generales del centro, influyen en el aula). A su vez, dentro de la institución podemos distinguir otros microclimas, por ejemplo, el clima de los alumnos, el clima de profesores, el clima de los padres y madres de alumnos,…
Se podría decir que el clima institucional representa la personalidad de un centro, en cuanto es algo original y específico del mismo con un carácter relativamente permanente y estable en el tiempo, cuya evolución se realiza lentamente aunque se modifiquen las condiciones. Según Medina Rivilla (2001), este concepto de clima institucional tiene un carácter multidimensional y globalizador, y se compone de varios elementos como: las interacciones socio – comunicativas, las tareas educativas, el discurso de la comunidad escolar, las percepciones de docentes y estudiantes, las relaciones generadas entre las personas, dentro y fuera de la institución, los roles que ejercen cada uno de los miembros de la comunidad educativa, el proceso de liderazgo, el estilo de toma de decisiones, las normas configuradas y las propuestas administrativas, el impacto en y desde la sociedad, la interdependencia entre Escuela y su medio social, cultural y laboral, la interdependencia de las anteriores propuestas.
Siguiendo la propuesta teórica de Medina Rivilla (2001), propone que el clima se inicia en el momento en el que el grupo humano interactúa, se desarrolla en el esfuerzo dinámico de búsqueda en común y de atención a los problemas que viven y ante los que la institución como tal tiene que responder.
Por tanto, entendemos que la respuesta y el discurso que generará la institución tras estos intercambios y propuesta de nuevas metas, deben ser acordado y compartido desde esa perspectiva común desde la ha de entenderse y comprenderse la toma de decisiones.

OTROS CONCEPTOS RELACIONADOS CON EL CLIMA ESCOLAR.
CONFLICTO:
Etimológicamente conflicto proviene del vocablo latino conflictus que quiere decir chocar contra, lucha, colisión, turbar, combate, confrontación, de ahí que su sentido sea bastante amplio.
• El conflicto presenta, además, un carácter natural, pues pertenece al hombre, nace con la vida en sociedad y reside en cada uno de nosotros.
• Pese a la ansiedad que inevitablemente genera un conflicto de cualquier tipo, no se justifica la connotación negativa que suele acompañar al concepto, porque conflicto es asimilable a movilidad, avance, motor de conductas nuevas.
• La existencia del conflicto es inevitable; pero no es negativo, lo equivocado está en su abordaje, pues puede generar, en caso de desatención, una escalada que converja en la violencia o en la sensación amarga de la injusticia.
• El término conflicto abarca los trasfondos psicológicos de la confrontación física misma e incluso ahora se utiliza con tanta amplitud que se encuentra en peligro de perder su sentido específico. Por ello es preciso adoptar un significado restrictivo en el sentido de reducirlo a “una relación entre partes en la que ambas procuran la obtención de objetivos que son, pueden ser, o parecen ser para alguna de ellas, o para las dos, incompatibles”.
• “En la Enciclopedia Internacional de Ciencias Sociales encontramos la definición propuesta por Robert C. North, quien plantea que un conflicto surge “cuando dos o más personas o grupos buscan poseer el mismo objeto, ocupar el mismo espacio con la misma posición exclusiva, jugar papeles incompatibles, mantener metas incompatibles o emprender medios mutuamente incompatibles de lograr sus propósitos”.
• Pablo Ortiz Tirado explica que en la mayoría de conceptos sobre el conflicto se pueden advertir los siguientes elementos:
- El conflicto incluye intereses opuestos entre personas, grupos o colectivos humanos en una situación de suma cero. Estos intereses opuestos deben ser reconocidos para que exista el conflicto.
- El conflicto involucra la creencia, por cada parte, de que la otra obstaculizará (o ya ha obstaculizado) sus intereses.
- El conflicto es un proceso, surge de relaciones existentes entre individuos o grupos y refleja sus interacciones anteriores y el contexto en que se dieron.
- El conflicto implica acciones de una o ambas partes, que de hecho obstaculizan los objetivos de la otra.
- En el conflicto juega un papel preponderante la cultura, la ideología y la axiología , pues estos elementos determinan la conducta de las partes, ya sean individuales, o colectivas; siendo muchas veces necesario apelar de estas variables para una solución eficaz de un problema.
Casi todos los autores que abordan la problemática de conflicto han considerado que “para llegar a la solución de un conflicto es fundamental que las partes tengan conciencia de la existencia del mismo”. Si una de las partes o las dos partes niegan la existencia del conflicto, no se puede poner en funcionamiento la estrategia de resolución, hay que hacer un trabajo previo para que la o las partes abandonen la postura de negar la situación conflictiva

CONVIVENCIA ESCOLAR:
Para la consecución de de una convivencia escolar positiva para el desarrollo de la labor educativa, el Ministerio de Educación ha creado una serie de recursos como el Plan Proa (programa de refuerzo, orientación y apoyo) que pretende conseguir una mejora de la convivencia en los centros de educación secundaria favoreciendo la comunicación entre los miembros de la comunidad educativa y mejorando las relaciones interpersonales (este programa se puso en común en el blog de la clase por un grupo de compañeras)
Para ello, las actuaciones que se van a llevar a cabo van a ser una serie de medidas tendentes a favorecer la convivencia y la comunicación, entre las que se proponen que figuren las siguientes: acción tutorial, mejora de la comunicación, línea de actuación: Convivencia escolar.
Otros recursos que ha creado el Ministerio de Educación es el Plan para la promoción y mejora de la convivencia escolar (2006) donde queda integrada la participación de todos los componentes de la comunidad escolar: alumnado, profesorado, familias, equipos de organización escolar, y cuyo objetivo general es aprender a vivir juntos, cuyas propuestas están relacionadas con la convivencia y las estrategias de resolución de conflictos.

MEJORA DE LA EFICACIA ESCOLAR:
La eficacia escolar se podría definir como la capacidad para el cambio y adaptación de las escuelas que, a su vez, provoque entre docentes y administradores de la educación el debate y la reflexión que permitan poner en marcha procesos de cambio en los centros.
La eficacia escolar se refiere a un cambio planificado, cuyo objetivo es incrementar los resultados educativos del alumnado, así como la capacidad de la escuela para gestionar el cambio. De esta forma, junto con el objetivo final (o de eficacia) del programa de mejora, que debe ser el desarrollo del alumnado en cualquiera de sus aspectos, es necesario que el programa considere una serie de objetivos intermedios o de optimización, que son los que van a contribuir a que se alcance ese objetivo final. De aquí obtenemos la primera característica del modelo: la existencia de dos tipos de objetivos: finales e intermedios y también de esta idea se extraen los dos criterios que sirven para valorar los programas de mejora: por un lado, los de eficacia y, por el otro, los de mejora.
En general, los resultados intermedios deberían estar siempre relacionados con los que obtienen los alumnos. Cuando se acometen cambios en las características de la escuela y del aula/profesorado, debe quedar claro cómo se espera que mejoren los resulta dos del alumnado.
De igual forma, para facilitar la comprensión, se ha optado por agrupar los distintos factores en seis conceptos clave: presión para mejorar; establecimiento de objetivos de mejora; autonomía utilizada por las escuelas y el profesorado para decidir sobre la mejora; cultura que favorece la mejora; preparación para la mejora, y procesos cíclicos de mejora.

PROPUESTAS Y METODOLOGÍAS DE TRABAJO PARA UN CLIMA ESCOLAR POSITIVO.
Aprendizaje cooperativo:
Las investigaciones llevadas a cabo en los últimos años sobre este tema, permiten identificar al aprendizaje cooperativo, en equipos heterogéneos, como un procedimiento clave para adaptar la educación a los actuales cambios sociales, mejorando con ello la convivencia escolar y la prevención de la violencia.
El aprendizaje cooperativo, con su entrenamiento, facilita y promueve las siguientes actitudes, experiencias y valores: adaptación a la diversidad, interdependencia positiva, motivación y aprendizaje, condiciones del contacto intergrupal, integración y tolerancia, cooperación y construcción de la solidaridad, y distribuir las oportunidades de obtener éxito y reconocimiento.
Para todo ello, el aprendizaje cooperativo supone un cambio importante en el papel del docente y la interacción que establece con los alumnos. El control de las actividades deja de estar centrado en él y pasa a ser compartido por toda la clase. Este cambio hace que el docente pueda y deba realizar actividades nuevas, además de las que habitualmente lleva a cabo en otras formas de aprendizaje (explicar, preguntar y evaluar), que contribuyen a mejorar la calidad educativa, como por ejemplo: enseñar a cooperar de forma positiva, observar lo que sucede en cada grupo y con cada alumno, prestar atención a cada equipo para resolver los problemas que puedan surgir, proporcionar reconocimiento y oportunidad de comprobar su propio progreso a todos los alumnos.
Dichas actividades (dentro del aprendizaje cooperativo) hace que mejore también la interacción que el profesor establece con sus alumnos cuando aplica otros procedimientos no cooperativos.
Además, el aprendizaje cooperativo permite y exige una mayor colaboración entre profesores de la que habitualmente se produce con otros métodos, y cuando varios profesores cooperan en su aplicación mejora su eficacia y viven la experiencia de forma mucho más satisfactoria que cuando lo aplican individualmente.
No hay que olvidar que el aprendizaje cooperativo complementa las otras formas de aprendizaje no las sustituye, (explicaciones del profesor, trabajo individual….), sino que los complementa y enriquece.

Enseñar a resolver conflictos individualmente
El conflicto forma parte de la vida, es el motor de nuestro progreso. Sin embargo en determinadas condiciones puede conducir a la violencia, incluso en contextos cuya naturaleza es educativa. Por eso, para prevenir es preciso enseñar a resolver conflictos de forma constructiva (pensando, dialogando, negociando,…) y crear las condiciones necesarias que permitan aplicar esta enseñanza.
Según estudios realizados por Díaz Aguado, M.J. (2002) parece que hay dificultades, sobretodo en adolescentes y adultos, para resolver de de forma inteligente los conflictos y tensiones que experimentan, y como consecuencia se comportan de una forma que tiende a obstaculizar su propio bienestar y el de sus víctimas, ya que su respuesta violenta va “incresçendo”.
Por ello se propone enseñar procedimientos sistemáticos para resolver de forma más inteligente y justa sus tensiones y conflictos, y por consiguiente un procedimiento muy eficaz para prevenir la violencia. Para ello, es necesario enseñar a realizar correctamente todas las fases del proceso desde una perspectiva empática, a través del cual se analizan y resuelven los conflictos sociales de naturaleza emocional:
- 1) Definir adecuadamente el conflicto, identificando todos sus componentes, e integrando en dicha definición toda la información necesaria para resolverlo.
- 2) Establecer cuáles son los objetivos a conseguir y ordenarlos según su importancia. La conducta violenta suele producirse cuando no se considera la globalidad de los objetivos implicados en la situación que la provoca, sino solamente alguno o algunos, sin considerar los demás.
- 3) Diseñar las posibles soluciones al conflicto y valorar cada una de ellas teniendo en cuanta las consecuencias, positivas y negativas, que pueden tener para las distintas personas implicadas en la situación.
- 4) Elegir la solución que se considere mejor y elaborar un plan para llevarla a cabo. De este modo nos podemos anticipar a las dificultades que puedan surgir, y poder superarlas con mayor previsión y facilidad.
- 5) Llevar a la práctica la solución elegida.
- 6) Valorar los resultados obtenidos, y no son los deseados, iniciar de nuevo la práctica del procedimiento para mejorarlo.

Mediación en conflictos
El establecimiento de servicios de mediación en los centros escolares, sobretodo en centros de Educación Secundaria Obligatoria, es una práctica que poco a poco, se va extendiendo.
Se trata de un grupo de miembros de la comunidad educativa integrado principalmente por alumnos y alumnas, pero en el que también participan profesores, padres y madres y personal no docente, todos ellos voluntarios, que se forman en técnicas de mediación en conflictos y que median en casos graves de conflictos, en los que la negociación entre las partes se ha roto. Este servicio organiza la mediación entre las partes involucradas con la intención de que sean las mismas partes quienes lleguen a soluciones propias y percibidas como justas, y equitativas para todos ellos.
Con todo ello, se crea la figura del alumno-ayudante, cuyas funciones básicas son: ayudar a sus compañeros, acoger a los que se incorporan nuevos al centro, velar por las buenas relaciones en los grupos, detectar casos de maltrato, intervenir en situaciones de hostilidad, integrar a los compañeros rechazados o aislados, y en definitiva formar parte del observatorio de convivencia del centro escolar.
Otra tarea que suele asumir el alumno-ayudante es la transmisión de valores como solidaridad con el otro, tolerancia hacia el diferente, compromiso con su propio papel y un sentido empático hacia las dificultades de los demás compañeros. Así se trabajan valores a nivel individual y colectivo relacionados con la participación, ayuda, solidaridad, autonomía, responsabilidad y corresponsabilidad.
Este grupo de alumnos-ayudantes se coordina con el resto de los miembros que pertenecen a este servicio. El hecho de que los alumnos formen parte imprescindible en este servicio y sus tareas, hacen que el resto de alumnos del centro den más credibilidad al mismo y aumente la participación activa en dicho servicio. Todo ello, relacionado directamente con la convivencia escolar y el clima escolar.

Formación del profesorado
Según Torrego Seijo, actualmente nos encontramos ante un nuevo escenario social y educativo que se caracteriza por una complejidad mayor del hecho educativo: inmigración, democratización y extensión del sistema obligatorio de enseñanza, exigencia de preparar par aun futuro cambiante, redefinición del papel de la familia y el profesorado, contexto sociopolítico y económico caracterizado por el libre mercado, desregulación de la educación, etc. A esto se suma una sobreexigenmcia del profesorado por parte de la sociedad delegando en él todo tipo de responsabilidades educativas, al tiempo que una gran parte del mismo no se siente preparado para atender esta función educativa.
De esta situación se deriva la necesidad de formación permanente del profesorado en materias relacionadas con la prevención de violencia escolar y promoción de buenas prácticas de convivencia, sobre todo para el profesorado de secundaria.
Por ejemplo, el enriquecimiento de las habilidades profesionales del educador (liderazgo, formación,…) y fortalecimiento de los procesos internos de la organización educativa para una mayor calidad (planificación institucional, trabajo en grupo,…). Para ello hay que contar con la participación de todos los agentes de la comunidad educativa: alumnado, profesorado, familias; de este modo y sintiendo el proyecto como algún común, de mutuo beneficio y creación propia, la responsabilidad sobre el mismo crece.
El aprendizaje de unas técnicas básicas y su entrenamiento prolongado, facilita la asunción de las mismas y su sistematización, teniendo en cuenta las características comunes a todos los procedimientos de resolución de conflictos, y analizando exhaustivamente las características y circunstancias propias de cada uno de ellos.

Xesús Jares (2002) propone algunos contenidos a trabajar con el profesorado en la resolución de conflictos, como a continuación se expone:
El objetivo de aprender a convivir forma parte de cualquier proceso educativo, no sólo en los centros escolares. Esta tarea tiene que estar reforzada y entendida desde una serie de premisas con las que hay que contar a la hora de entender un conflicto:
- Visión positiva del conflicto: entender al conflicto como algo natural y necesario para el crecimiento y el cambio.
- Carácter procesual del conflicto: entendido como un proceso social y no como un acontecimiento de un solo instante y aislado.
- Especificidad de cada situación conflictiva: la resolución de conflictos no es una técnica que pueda utilizarse miméticamente en cada situación conflictiva ni tampoco garantiza el éxito en su aplicación, sino que cada situación tiene sus peculiaridades y su solución depende de cada proceso.
- Distinción entre agresividad y violencia: agresividad designa un acto efectivo y violencia se refiere a una disposición. La agresividad forma parte de la conducta humana, positiva y necesaria como fuerza para la autoafirmación física y psíquica del individuo.
- Importancia de la afectividad y el cultivo de las relaciones interpersonales: actualmente se necesita una alfabetización de la ternura como proceso vital y madurativo de las personas.
- Necesidad de planificar el trabajo educativo para la convivencia desde los diferentes ámbitos del currículum: el aprendizaje necesita una planificación tanto en el aula como en el centro educativo teniendo en cuenta a los tres protagonistas de su desarrollo (profesorado, alumnado, padres y madres). Por ello hay que destacar los siguientes aspectos:
• Tiempo para analizar e intervenir en los conflictos, explorando las distintas soluciones, y para evaluar el grado de cumplimiento de los acuerdos.
• Espacios adecuados para abordarlos.
• Oportunidades, apoyo y estímulos para ensayar y ejercitarse en técnicas de resolución.
• Experiencias que faciliten la cohesión grupal.
• Organización democrática del aula y del centro escolar.
• Fomentar el aprendizaje cooperativo y el trabajo en grupos.
• Afrontarlos conflictos de forma positiva.
- Aceptación de la diferencia y compromiso con los más necesitados, conjugando la relación de igualdad y la diferencia, alimentando el crecimiento mutuo.
- Afrontar el conflicto desde valores democráticos y desde los valores sociales actuales de neoliberalismo.
- Insistir en el valor de la democracia y la necesidad de la globalización de los derechos humanos: la educación para la convivencia de hacerse desde y para los derechos humanos.

Comunidades de aprendizaje
El proyecto de transformación de centros educativos en Comunidades de Aprendizaje se basa en el aprendizaje dialógico para lograr un doble objetivo: el máximo aprendizaje para el alumnado y una buena convivencia.
La comunidad educativa y en especial las familias se implican en la organización y gestión del centro a través de las comisiones de trabajo, entran en el aula a través de los grupos interactivos y participan en actividades de formación en el propio centro.
De este modo, los centros que deciden iniciar este proceso de transformación global en comunidades de aprendizaje y han comenzado a dar pasos hacia esa perspectiva que implica la incorporación progresiva de: actuaciones educativas que dan mejores resultados en cuanto al aumento del aprendizaje instrumental y la mejora de la convivencia, según las investigaciones y criterios de la comunidad científica internacional; bases teóricas y descubrimientos de las investigaciones más relevantes según la comunidad científica internacional; prácticas educativas inclusivas que superan las prácticas segregadoras; el aprendizaje dialógico de cara a ir superando las jerarquías inhibidoras del diálogo, las expectativas negativas, las resistencias a la transformación, el fracaso escolar, la violencia, la insolidaridad, las discriminaciones racistas y sexistas; organización de aulas en grupos interactivos para ir superando prácticas segregadoras, formación del profesorado, familiares, personal no docente, voluntariado y demás personas y grupos que interactúan con las alumnas y alumnos; participación abierta a toda la comunidad en forma de comisiones de trabajo; y todas aquellas actuaciones, teorías e investigaciones que se vayan añadiendo a las anteriores o las sustituyan obteniendo mejores resultados.

FUENTES REVISADAS:
- Lorenzo Delgado, M.(coord.)(2001). La organización y gestión del centro educativo: análisis de casos prácticos, Madrid, Editorial Universitas S.A.
- Plan para promoción y mejora de la convivencia escolar (2006) Ministerio de Educación Política Social y Deporte. http://www.mepsyd.es.
- Díaz Aguado, M.J. (2008). Mejora de la convivencia en las aulas a través de la prevención de los conflictos. Congreso: profesorado y convivencia. (4,5 y 6 de abril). Madrid. http://www.convivencia.mec.es/congreso2008/
- Jares, X. (2008) Formación del profesorado para la convivencia. Congreso: profesorado y convivencia. (4,5 y 6 de abril). Madrid. http://www.convivencia.mec.es/congreso2008/
- Torrego Seijo, J.C. (coord.)(2000) Mediación de conflictos en instituciones educativas: manual para la formación de mediadores, Madrid, Editorial Narcea.
- Plan PROA. Ministerio de Educación, Política Social y Deporte. http://www.mepsyd.es.
- Torrego Seijo, J. C. (2005). La formación del profesorado ante los retos de la promoción. Congreso: la convivencia en las aulas: problemas y soluciones de la convivencia y la prevención de la violencia escolar (15, 16 y 17 de abril). Madrid. http://www.convivencia.mec.es/congreso_200504/
- Jares, X. (2002). Aprender a convivir. Revista Interuniversitaria de formación del profesorado nº44.
- Álvarez Coso, P., Fernández García, I., Pérez Pérez, J. (2005) Una buena práctica. I.E.S. Pradolongo. Congreso: la convivencia en las aulas: problemas y soluciones (15,16 y17 de abril). Madrid. http://www.convivencia.mec.es/congreso_200504/

27 de Diciembre de 2009

Inma Sánchez Navalpotro

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1 Comment »

  1. 1
    BRENDA HENAO RODRIGUEZ. Dice:

    Fue de gran ayuda la lectura de este texto, ya que me permite llevar esta discusión al consejo académico de la institución en la cual laboro como docente de secundaria, estoy segura de que escuchar las opiniones de mis compañeros será muy enriquecedor en este proceso de mejoramiento continuo.


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